Terremoto del 85 los orilló a vivir en el Edomex

El terremoto de 1985 los expulsó del Distrito Federal. Ahora viven en colonias del estado de México, como Jardines de Morelos, en Ecatepec; El Campanario, en Atizapán, o la unidad habitacional Cebadales, en Cuautitlán-México, en donde al principio eran vistos como “sobrevivientes de una zona de guerra”.

María Elena Arcos Rivas, de 60 años de edad, relata que el departamento que habitaba en el número 11 de calle Baja California, colonia Roma, en el Distrito Federal, quedó deshecho tras el sismo del 19 de septiembre de 1985. Desde entonces ha vivido en Jardines de Morelos, en Ecatepec, y actualmente en la unidad Cebadales, en Cuautitlán-México.

“Fue muy terrible el terremoto y nos alejó a muchos del Distrito Federal”, asegura y cuenta que el Infonavit le ofreció vivienda a su esposo en El Rosario, en los límites del Distrito Federal con el municipio de Tlalnepantla, pero la rechazó porque “allá mataban” y eligió la unidad Cebadales, de lo que ahora se arrepiente.

No le gusta vivir en el estado de México porque “es muy descuidado y sucio. En el Distrito Federal se le tiene prioridad a muchas cosas, incluso hay hasta gente que limpia las calles y aquí en el estado no. Aquí cuesta trabajo para que corten el pasto, para que la gente coopere y el edificio está todo desteñido porque la gente no ayudó para la pintura”.

José Luis González Rodríguez, de 55 años de edad, también de la unidad Cebadales, dice que muchos de sus amigos murieron al caer varios edificios de la colonia Roma, donde vivía. Tardó 15 minutos en darse cuenta de la magnitud del terremoto y, junto con su familia, deambuló por las calles sin percatarse del peligro que corrían.

“Le doy gracias a Dios, creo que me dio una segunda oportunidad para volver a vivir, porque yo no sabía la magnitud de lo que estaba pasando, ni mi familia. Nosotros nos tapábamos con la mano, creyendo que si nos caía un pedazo de concreto o vidrio nos iba a proteger, no nos iba a hacer daño. No sabíamos realmente, hasta el momento en que salimos, que se había desplomado casi todo”, agrega.

Afirma que vivió dos meses en una casa de plástico de un campamento y después llegó a la unidad Cebadales, en 1985, en donde fue bien recibido junto con su familia.

Expresa: “Nos costó mucho trabajo adaptarnos, porque todavía no estaba muy urbanizado, trasladarnos al Distrito Federal eran dos o tres horas para ir a trabajar. Nos costó muchísimo trabajo el que llegáramos aquí, a un lugar donde nadie nos conocía. Fue un cambio de vida radical en 48 horas”.

Asegura que muchos sobrevivientes del terremoto prefieren olvidar la tragedia y en la unidad Cebadales no realizan ningún simulacro de sismo desde 1991, a pesar de que la comunidad está integrada de edificios.

“Muchos ya lo olvidaron, le dieron vuelta a la hoja. Y la verdad entiendo que hay que hacer eso, ver hacia delante, pero no estamos exentos de que algún día pueda ocurrir lo mismo, que pueda volver a suceder y esta vez a lo mejor no lo podamos contar”, afirma.

Nota: El Universal

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